El presidente brasileño mantiene el liderazgo frente a Flávio Bolsonaro y consiguió destrabar parte de la agenda legislativa de su gobierno, fortaleciendo su posición antes de las elecciones de octubre.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, llega al tramo decisivo de la campaña electoral con una ventaja que, aunque todavía no garantiza su reelección, lo mantiene como principal favorito para las elecciones del 4 de octubre.
La última encuesta CNT/MDA, divulgada esta semana, ubica a Lula en el primer lugar de la primera vuelta con 42,4% de las preferencias, frente al 28,7% de Flávio Bolsonaro. Más atrás aparecen Ronaldo Caiado, con 4%, y Romeu Zema, con 3,3%.
El escenario es igualmente favorable para Lula en un eventual balotaje. El presidente obtendría 48% frente al 39,1% de Flávio Bolsonaro. Aunque la diferencia se redujo respecto de junio, cuando era superior a los 12 puntos, el mandatario continúa al frente.
La campaña, sin embargo, no se reduce a los números electorales. En paralelo, Lula consiguió recomponer parte de su relación con el Congreso y avanzar en asuntos que el gobierno considera relevantes antes de las elecciones.
Un Congreso que vuelve a abrirle la puerta
Lula mantuvo el miércoles una reunión con el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, en un intento por destrabar una agenda legislativa que había quedado parcialmente paralizada.
El encuentro permitió avanzar en algunas iniciativas y mejorar el diálogo entre el Ejecutivo y la conducción del Senado, aunque todavía permanecen sin fecha de votación tres asuntos considerados prioritarios por el gobierno: el proyecto para terminar con la jornada laboral conocida como escala 6×1, la reforma vinculada a la seguridad pública y la política nacional sobre minerales críticos.
También se acordó avanzar con una comisión mixta para analizar una medida provisoria que modifica la denominada “tasa de las blusinhas”, además de otras iniciativas relacionadas con créditos para atender desastres naturales, transporte y beneficios fiscales.
La importancia política de estos movimientos no está únicamente en las leyes que puedan aprobarse. Para Lula, demostrar capacidad de negociación con un Congreso fragmentado constituye un activo electoral en sí mismo.
Durante buena parte de su actual mandato, el gobierno tuvo que negociar con sectores del centro político para conseguir mayoría parlamentaria. La recuperación del diálogo con Alcolumbre muestra que el Ejecutivo todavía conserva capacidad para construir acuerdos incluso cuando no controla las cámaras legislativas.
Lula mantiene el liderazgo pese al desgaste
Los datos electorales muestran una situación más compleja que la que podría sugerir una simple lectura de la ventaja de Lula.
El presidente mantiene una diferencia importante en primera vuelta, pero su ventaja en un eventual balotaje se redujo. Además, la encuesta CNT/MDA registra una aprobación del gobierno de 47,3%, frente a una desaprobación de 48,2%.
Esto significa que Lula conserva una base electoral sólida, pero enfrenta también un electorado dividido y una oposición con capacidad suficiente para llevar la disputa hasta una segunda vuelta.
Flávio Bolsonaro se consolidó como el principal adversario del presidente y concentra buena parte del voto de la derecha brasileña. Su candidatura también permite que el escenario electoral vuelva a estructurarse alrededor de la disputa entre el campo político de Lula y el bolsonarismo.
La elección vuelve a organizarse alrededor de dos proyectos
La campaña brasileña comienza a adquirir nuevamente una fuerte dimensión de polarización.
Por un lado, Lula busca presentarse como la opción de continuidad de un gobierno que combina programas sociales, inversión pública y una política exterior orientada a reforzar la autonomía de Brasil frente a las grandes potencias.
Por otro, Flávio Bolsonaro intenta capitalizar el voto opositor y reconstruir electoralmente el espacio político de su padre, Jair Bolsonaro.
La diferencia respecto de las elecciones de 2022 es que ahora la disputa se desarrolla con el bolsonarismo fuera de la Presidencia, pero todavía con una estructura política capaz de movilizar millones de votos.
Lula apuesta a que la gestión y los resultados económicos tengan más peso que la confrontación ideológica. La aprobación de iniciativas en el Congreso, en ese sentido, puede convertirse en una herramienta importante para llegar a octubre con una imagen de gobierno activo y con capacidad de obtener resultados.
La soberanía como eje político
El contexto internacional también está jugando un papel importante.
Las tensiones comerciales con Estados Unidos y los enfrentamientos políticos entre Lula y Donald Trump permitieron al gobierno brasileño reforzar un discurso centrado en la soberanía nacional y la defensa de los intereses económicos de Brasil.
Ese posicionamiento le permite al presidente presentar la elección no solamente como una disputa entre Lula y Bolsonaro, sino también como una discusión sobre el papel que Brasil pretende ocupar en el escenario internacional.
La apuesta es especialmente relevante para un país que busca mantener relaciones simultáneas con Estados Unidos, China, Europa y el resto de América Latina sin quedar subordinado a ninguna de las grandes potencias.
El desafío para la oposición
El principal problema para la oposición continúa siendo transformar la ventaja de Lula en primera vuelta en una posibilidad real de victoria en el balotaje.
Flávio Bolsonaro consiguió reducir parte de la distancia registrada meses atrás, pero todavía se encuentra por debajo del presidente en todos los principales escenarios medidos recientemente. Al mismo tiempo, los candidatos que intentan ocupar una posición intermedia, como Caiado y Zema, permanecen muy lejos de los dos principales contendientes.
Esto favorece a Lula porque reduce las posibilidades de que aparezca una tercera candidatura capaz de romper la polarización y disputar directamente el liderazgo.
Con la primera vuelta prevista para el 4 de octubre y un eventual balotaje el 25, todavía queda un largo camino electoral. Sin embargo, el panorama actual muestra a Lula entrando en la campaña con dos ventajas importantes: continúa liderando las encuestas y logró recuperar capacidad de negociación en un Congreso que durante meses puso límites a su agenda.
La elección todavía está abierta, pero el escenario empieza a tomar forma: Lula busca convertir su ventaja electoral y su capacidad de articulación política en un nuevo mandato, mientras el bolsonarismo intenta reducir la distancia y transformar la segunda vuelta en una disputa mucho más cerrada.

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